Relatos cortos de terror. Nº19 "El engaño" · El libro más leido

Relatos cortos de terror. Nº19 "El engaño"

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(0) 01/05/2017 11:55h

El engaño.

Como cada mañana desde hacia tiempo, Lucas se despertó desarropado. Ya nada era igual. No recordaba cual había sido la última vez que su mujer durmió con él, desde entonces las noches se habían vuelto interminables.

Acerco la oreja hacia la fría pared, Marina dormía en la habitación contigua, quería saber si  también ella habría sufrido de insomnio pero al otro lado no se escuchaba nada. Ella ya no se encontraba en su dormitorio.

De pronto, su olfato reconoció el aroma a tostadas y café recién hecho, un hambre voraz se abrió paso ante la intriga marital. Se dirigió hacia el baño de la habitación para asearse antes de bajar a desayunar, no sin antes perfumarse con la colonia que sabía que a ella le gustaba, siempre que se rociaba con ella y se acercaba a Marina ésta le sonreía.

Lucas guardaba la esperanza de que su esposa siguiera enamorada que el.

Bajo al comedor y observo que la mesa ya estaba puesta pero que sobre ella solo se encontraba un servicio. Trago saliva al confirmar que un día más su mujer no desayunaría con él.

¿Cuándo le perdonaría el desliz que había tenido? Solo ocurrió en una ocasión y hacía mucho tiempo que no había vuelto a mirar a otra mujer que no fuera ella. La vergüenza le podía y desde aquel día que le descubrió, apenas habían intercambiado dos palabras. En el fondo le daba miedo que al hacerlo le facilitara la escusa perfecta para presentar los papeles del divorcio, así que procuraba hablar lo justo.

Marina, aún trasteaba en la cocina, así que Lucas se limito a sentarse a desayunar sin abrir la boca esperanzado en que al sentir el ruido de la cucharilla contra la loza ella se dignaría a acompañarle.

—Buenos días. —Escuchó decir  tras de él.

—Buenos días. —Respondió este con una sonrisa velada. — ¿Te has levantado pronto verdad? —La interrogo con cierta intensidad. —Yo no he podido pegar ojo, últimamente no paro de dar vueltas en la cama. —Afirmó en espera de recibir por parte de ella alguna señal de culpabilidad que le indultara.

Marina se colocó la falda negra que tenía un poco ladeada y contestó. —Si es cierto, hoy me he levantado antes de lo habitual pero la verdad es que he dormido del tirón. —Al momento, Marina se arrepintió de sus palabras al ver el gesto de desacuerdo que se percibía en el rostro del hombre. Lo que ella desconocía era que dicha mueca no se debía a sus últimas palabras lo que en realidad desaprobaba era su aspecto.

 — ¿Por qué llevas esa falda tan corta? —Interrogo, mientras pensaba que ya no era una jovencita que se pudiera permitir lucir de esa manera, pese a que guardaba cierto aspecto juvenil  que le volvía loco. Por el contrario, él confirmaba a diario que su incipiente calva se hacía más y más extensa.

— ¿Vas a salir? —pregunto con temor.

—Si. —Contestó ella. — Voy de compras, faltan varios ingredientes que necesito para la comida.

—Pero… no entiendo. Ayer también saliste y antes de ayer lo mismo. ¿Qué ocurre? ¿Acaso no puedes organizarte para comprar todo de una vez? —Consulto furioso.

Ella se sonrojo y comenzó a temblar, síntoma de que escondía algo. ¿Pero que era? Pensó él. ¿Quizá pretendía vengarse por su desliz yéndose con otro? ¿No le bastaba con hacerle sufrir con sus desprecios y sus ausencias maritales?

Lucas volvió a insistir. — ¿Por qué no me contestas? —Interrogo expectante.

Marina trago saliva y con voz temblorosa le respondió. —Es que el mercado está muy lejos de la droguería y si voy a los dos sitios el mismo día no me da tiempo a regresar para tener la comida a punto.

—Ya. —Respondió él empujando la silla de forma violenta mientras Marina se apartaba  con el paño que mantenía entre sus manos dispuesta a recoger la mesa. —Está bien—dijo él pasando cerca de ella para propagar el aroma de su perfume. —Pero no tardes mucho. —Advirtió. —Ya sabes de sobra que no me gusta estar solo en casa.

Por un segundo, Lucas estuvo tentado en manifestar que la echaba de menos, pero se limito a bajar la cabeza y se dirigió hacia el salón para leer el periódico del día.

Al cabo de media hora la puerta de salida se cerró con suavidad indicando que Marina había finalizado sus quehaceres para dirigirse a realizar la compra. Lucas dudo un segundo, pero finalmente agarró su cazadora y las llaves del coche para salir tras ella dispuesto a averiguar que era aquello que escondía  y que no permitía que estuvieran juntos de nuevo.

Llovía, pero Lucas no perdía de vista el Chevrolet azul metalizado que conducía Marina. De pronto, se puso en alerta pues el camino que conducía hacia el mercado central del pueblo no era el que ella había escogido, por el contrario observó intrigado como  tomaba un desvió que la dirigía hacia la gasolinera, cosa que le extrañaba pues era él quien se ocupaba cada semana de que al vehículo no le faltara nunca el combustible.

Marina aparco tras un surtidor pero no descolgó la manguera sino que se dirigió hacia una cabina telefónica que se encontraba junto a la estación. Entró y comenzó a marcar.

Lucas sentía un terrible dolor en el corazón, le costaba tragar y sus manos parecían querer fundirse con el volante. La rabia, comenzó a salir a borbotones por su boca profiriendo insultos mientras salivaba envenenado por la ira. Media hora duro su sufrimiento hasta que Marina salió de la cabina telefónica, no sin antes mirar de un lado hacia otro en busca de algún chismoso que pudiera hacer partícipe a Lucas de su secreto. Después, entro en su vehículo y arranco para dirigirse al mercado a realizar la compra de productos que le servirían de escusa a su traición.

Lucas se aseguro de estar en casa antes de que ella regresara. Se sentó en el sofá coloco un periódico sobre sus piernas y se armo con un cuchillo de grades dimensiones que coloco bajo el diario.

—Ya he regresado. — Grito Marina desde la cocina desembalando los productos. —He tardado un poco más porque el mercado estaba lleno, al parecer hoy es día de ofertas. —Pero no recibió contestación alguna de la otra parte. —Voy al dormitorio a cambiarme. —Continuó mientras dirigía sus pasos hacia la escalera y aprovechaba para mirar de reojo la posición de Lucas, que seguía en el mismo lugar en el que ella lo había dejado antes de marcharse.

Marina comenzó a subir las escaleras mientras él luchaba contra sus celos y su mente enfermiza que le repetía una y otra vez que acabara con ella, que si no era suya no sería de nadie, que si no le había perdonado aún era porque tenía un amante. Clavo sus uñas en la palma de la mano al sujetar con fuerza el cuchillo y comenzó a gotear sangre por la empuñadura  mientras subía lentamente las escaleras.

El engaño. Kelly Mordon.

Solo les separaba una puerta, la misma que les había mantenido distanciados durante años. Esa que cada noche él había tocado pero que nunca se había atrevido a cruzar por miedo al rechazo. De pronto se abrió. Marina se encontró frente a un Lucas desencajado sudoroso que blandía un cuchillo de grandes dimensiones en su mano ensangrentada, la miraba fijamente y el terror que sintió Marina hizo que permaneciera paralizada sin respirar, deseando que se retirase lo suficiente para poder huir de él.

Lucas, la miró de arriba abajo durante unos minutos que se hicieron interminables hasta que  de su boca surgió una voz desconocida hasta ese momento para ella que la grito. — ¿Por qué te has puesto ese mandil? ¿Acaso te crees que soy estúpido y que ahora te vas a comportar como una buena mujer que le va a preparar la comidita al cornudo de su marido?

Antes de que ella pudiera replicar palabra alguna, el cuchillo atravesó la blanca tela que comenzó a teñirse de rojo. El frio metal entraba y salía de su frágil cuerpo y en cada estocada Marina perdía la vida hasta que sin más dejo de moverse ya no existía parte alguna de su carne que no hubiera sido ultrajada y desgarrada por la afilada hoja.

Lucas tiró el cuchillo al suelo y comenzó a llorar mientras, aún fatigado por el esfuerzo de arrebatarle la vida a un ser humano dirigió sus pasos hacia al teléfono.

—Si dígame. —Respondió la voz de un hombre.

—Marcos. —Manifestó él en un suspiro.

—Lucas ¿eres tú? —Preguntó el individuo al no estar seguro de reconocer la voz de su propio hermano. — ¿Ocurre algo?

—Si…Acabo de matar a Marina. —

—Voy para allá, no te muevas. —Ordeno colgando el teléfono.

Veinte minutos más tarde un asustado Marcos accedía al domicilio de su hermano con prudencia.

—Lucas, ¿Dónde estás?— El hombre comenzó a subir las escaleras siguiendo el reguero de sangre que le conduciría hasta el cadáver de Marina

A su lado, se encontraba Lucas cubierto de sangre y sollozando.

—Ha sido culpa de ella, me ha obligado a hacerlo. —Vociferaba  una y otra vez mientras negaba con la cabeza.

Marcos se agacho a su altura y puso una mano sobre el hombro de su hermano. —Pero… ¿Por qué has hecho esto Lucas, porque la has matado? —Preguntó con temor.

—La seguí. Ella me engañaba Marcos  tenía un amante, le llamo desde una cabina lo vi con mis propios ojos. Nunca me perdono el desliz que tuve no me lo perdono. Tenía que matarla, tenía que hacerlo.

Marcos aterrado por lo que estaba escuchando y temiendo la reacción de su hermano se aproximo hacia él arropándole en un abrazo.

—Lucas, escúchame. —Marina no era tu mujer, Marina era tu empleada. Trabaja para ti como interna desde hacía años, lo que tú consideras que fue un desliz solo está en tu mente enferma. Ella entro en la habitación para hacerla cuando tú estabas con una mujer haciendo el amor, nada más. Marina tenía novio, por eso la viste llamando desde la cabina, no quería que descubrieras que le llamaba en sus horas de trabajo. Yo lo sé, porque un día se puso en contacto conmigo para informarme sobre tu comportamiento extraño hacia ella, de tus miradas y del control al que la sometías. Estaba muy asustada. Quería dejarme claro que ella era una mujer respetable y que por nada del mundo haría algo que perjudicase su relación laboral contigo. ¿Entiendes ahora Lucas?

El hombre permanecía con la mirada perdida en el horizonte. Pero no oía, no atendía, no quería entender.

Escúchame hermano te pondrás bien voy a llamar a la policía y todo se va a arreglar, estás enfermo nada mas, yo cuidare de ti.

Marcos le rodeo con cariño, al fin y al cabo era su hermano mayor, él era su responsabilidad.

Lucas recibió el abrazo de forma reciproca pero su lazo fue mortal. Marcos se retiro despacio mirándole con sorpresa mientras trataba de entender porque su único hermano le había clavado un cuchillo en el corazón. Esa fue la imagen final que tuvo antes de morir y de escuchar las últimas palabras fraternales de su asesino.

—Traidor, te has acostado con mi mujer. —

KellyMordon autora del libro más leído.
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Actualidad, Escritores, Kelly Mordon, Relatos cortos de terror.

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